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Al terminar un taller con Lolita tienes la misma sensación que cuando aprendes a nadar. No es que antes te ahogaras, porque con tu instinto avanzabas como un perro con el agua al cuello. Es que ahora sabes que hay nadadores y técnicas y elegancia. Y esta certeza te permite llegar más lejos en esta cosa misteriosa que es escribir.

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